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NORMAS PARA LA ELABORACIÓN DE UNA DIETA BÁSICA 159

mente de la comida de mediodía. Refiriéndonos a
la cena que más comúnmente se hace en nues-
tro medio, suele ser algo más ligera que la comi-
da precedente, aunque conserva básicamente su
estructura: un primer plato, que puede ser verdu-
ra cocida o caldo, un segundo a base de alimentos
proteicos, aunque sin repetir el mismo de la comida ante-
rior (por ejemplo, huevo o pescado por carne, o viceversa) y un postre como
a mediodía, además del pan.

   Este esquema clásico, que puede naturalmente variarse para adaptarse a
las diferentes necesidades y a las peculiaridades individuales, es el que
vamos a mantener en el resto de la exposición. Si existiese la costumbre de
merendar, su aporte calórico debe restarse del que corresponde a la cena,
que debe ser proporcionalmente aligerada. En esto, como en todo consejo
dietético, debe haber amplitud de criterio, siempre que las circunstancias lo
hagan posible, huyendo de todo esquema rígido y autoritario.

   Existen numerosos procedimientos para elaborar una dieta con arreglo a
unos criterios cuantitativos (calorías) y cualitativos (principios alimenticios),
pasando seguidamente a exponer uno que consideramos fácil y lógico. Los
pasos que vamos a dar son resumidamente los siguientes:

   1.    Elección de los alimentos que contengan hidratos de carbono que
         van a componer la dieta y repartirlos convenientemente entre las
         comidas del día hasta completar la cantidad de calorías que corres-
         ponden a este principio inmediato. Por la comodidad que supone
         para el cálculo, incluimos aquí a la leche en razón de su contenido
         en lactosa. Una vez hecho esto, ver la cantidad de proteínas y de
         grasas que pudieran contener estos alimentos y anotarlo. Por lo
         general, bajo esta forma se administran alrededor del 50% de las
         proteínas de la dieta diaria (todas ellas de origen vegetal, natural-
         mente menos las de la leche). En cambio, el aporte graso suele ser
         muy escaso.

   2.    Completar el requerimiento proteico con proteínas animales: las de la
         carne, pescado, leche o huevos, repartiéndolos así mismo entre las
         diferentes tomas de alimento. Anotar cuidadosamente el aporte graso
         (como grasa invisible) que suministran estos alimentos.

   3.    Por último, completar las calorías grasas con aceite (de cocina o de
         mesa), mantequilla, manteca o margarina.

   Para hacerlo prácticamente, pondremos el siguiente ejemplo:

   Elaborar una dieta por un valor de 2.600 calorías diarias, que contenga un
15% de proteínas (390 calorías producidas por 97 g), un 55% de hidratos de
carbono (1.430 calorías y 357 g) y un 30% de grasas (780 calorías y 86 g).
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